ODA A LA TRISTEZA

Eva López/ autoconocimiento, cábala, concienciafísica, kabbalah

“Desde la perspectiva de la psicología moderna, el hecho de que los contemplativos puedan vivir en soledad por años sin caer en la depresión, apatía o tumulto mental es asombroso. Los contemplativos son capaces de hacer esto debido a que encuentran y sostienen una fuente interna de serenidad que alivia a la mente y al cuerpo de tal forma que toda sensación de ansiedad y expectativa se evaporan. Al establecerse profundamente en la luminosa y tranquila quietud de la conciencia de sí, una fuente interna de bienestar genuino emerge y disipa toda sensación de soledad, depresión o trastorno mental.”

The Attention Revolution – Alan Wallace-

Empiezo con un texto, como para dar más credibilidad a la razón del post de hoy. Parece que estamos en la era de la información y por esta razón necesitamos más que nunca poner cimientos a lo que nos va llegando. 

La soledad que muchas veces acompaña una etapa de tristeza puede ser una trampa de la mente sobre una falsa espiritualidad, cierto.  Y podría suceder que fuera el refugio para no lidiar con el problema.

Pero el falso mensaje de que debemos focalizarnos en ser más felices, que debemos escoger ser felices y que debemos pensar siempre de forma positiva, está generando una confusión que últimamente estoy detectando.

¿Por qué tengo la sensación de que esto aún crea más frustración y más tristeza? ¿Por qué nos aleja más de la “felicidad”? Es paradójico, no?

Pues señores, la fragilidad es bella. La fragilidad es signo de humanidad y de conciencia. Es realmente importante aprender a ocuparse y enfrentarse con esos pensamientos y emociones que nos asaltan con armas cargadas de pólvora. 

Desaprender esta lección puede no ser fácil, porque nos han enseñado que la fragilidad es signo de debilidad e incluso a veces, de enfermedad. Pero ahí yace la belleza. Abrazarlas, acogerlas, aceptarlas es lo que nos hace frágiles, pero no débiles ni enfermos. 

Escondernos  mostrando pasividad, mostrando falsa alegría o taparlas con flores de plástico nos aleja de nuestra esencia, de nuestra autenticidad, de nosotros mismos. No hay nada más precioso que la resiliencia, el levantarse una y otra vez habiendo aprendido algo de la experiencia, buena o mala, para repetirlo o para hacer todo lo contrario la próxima vez. 

Si esto es lo que les enseñamos a nuestros hijos, no pararemos de leer artículos o estadísticas sobre los altos niveles de frustración y fracaso escolar. Y eso no es lo que queremos como padres, ni como sociedad.

Entonces, en vez de cuestionarnos nuestra felicidad, así tan vagamente, podríamos plantearnos:

¿qué es importante para mi? 

¿qué valoro yo? 

¿cuáles son mis valores fundamentales? 

Y este es el pilar. Ante la expectativa de si vivo focalizado en ser feliz y en pensar positivo constantemente, se abre un abismo porque generalmente hay alguna causa para estar triste ni tampoco salen siempre las cosas tal y como esperamos. 

Y no se nos permite… Estamos obligados a estar felices durante todo el tiempo, si no significa que no cumples con los cánones para “ser”, eres declasificado como ser y pasas a ser un “pobre ser, está triste”.

Hagamos una oda a la tristeza; permite que se presente, instalarse y aposentarse. Abrázala y cuando haya llegado al fondo, cuando parece que ya no puede bajar más,  pregúntale qué necesita…

Cada uno tiene sus tiempos, su proceso personal y particular. Unos vamos más lentos, otros somos más expeditivos y otros simplemente diferentes. 

Cuando escuchamos de nuestra alma lo que realmente es importante para ella, cuando ponemos el foco allí, la felicidad se convierte en la consecuencia.

Aquí nace la resiliencia y la esencia del ser humano. Démonos permiso para estar tristes, para ir a nuestro ritmo, para estar solos si lo necesitamos y no escuchemos mucho los consejos de nuestro alrededor. No olvidemos que los consejos vienen de otra persona con otra pantalla, con otros filtros, con otras vivencias que no son las nuestras. No han andado con tus zapatos. Que no te hagan creer que eres un infeliz porque no te focalizas en ser feliz.

Me gustaría por último presentaros un dato curioso sobre Saturno:

No se trata de estar en un estado o tener un temperamento melancólico-saturnino, dato atribuido a Saturno, gobernador del hombre solitario y planeta que yace al límite del tiempo y de la mente en el viejo sistema astrológico, pero está bien conocer que muchos personajes de la historia tachados de melancólicos o de estar frecuentemente en estados depresivos como Miguel Angel o Marsilio Ficino,  tenían a Saturno como gobernador de su ascendente. No olvidemos que tras una melancolía se esconde la genialidad.

 ¿será señal de que realmente la melancolía es un contacto profundo con nuestra autenticidad?